lunes, 22 de septiembre de 2014

LA GLOBALIZACION

DIPLOMADO: AUDITORIA ADMINISTRATIVA.
MATERIA: CONSULTORIA EMPRESARIAL.
PROFESOR: EDIXON CASTRO
ALUMNA : FARINTHA YUSBEIRY

MODULO II
ECONOMIA: POLITICAS SECTORIALES E IMPACTO DE LA GLOBALIZACION.


La política sectorial, es la que identifica los niveles de desempeño de un sector en particular. Si existieran los datos adecuados, los planificadores y consultores podrían analizar las diferencias existentes entre el nivel de desempeño actual y el esperado. Se pueden realizar revisiones sectoriales, seminarios, talleres, seguimiento y evaluaciones rápidas de campo para determinar la extensión de dichas diferencias por ejemplo, el sector agrario: el caso de la agricultura bajo riego, las enfermedades que afectan algunos productos, como por ejemplo, el café, el banano,etc, o la deficiencia en el procesamiento de la cebolla, la baja producción del arroz, o cualquier otro rubro en peligro, que afecte la estrategia del Estado, para que los productores puedan cumplir con sus objetivos económicos y satisfagan el consumo interno.
Lo que busca la política sectorial es definir una deficiencia, por medio de la diferencia entre el desempeño actual y el esperado o entre el actual y el potencial. Es aplicable para cualquier otro sector económico.

Dos fenómenos centrales –e imbricados- caracterizan hoy a nuestro planeta: por una parte, todos los Estados participan de la dinámica globalizadora. Al mismo tiempo, el mundo asiste a la revolución de la información. Se trata de un proceso importante, comparable al del pasaje de la economía agraria al de la economía industrial.

¿Y qué es en definitiva la globalización? Se trata de la interdependencia y de la imbricación cada vez más estrecha de las economías de numerosos países, sobre todo el sector financiero, ya que la libertad de circulación de capitales, de flujos financieros, es total y hace que este sector domine, muy ampliamente, a la esfera económica.


La globalización llega a todos los rincones del planeta, ignorando o pasando por alto tanto los derechos y reglas de individuos y empresas como la independencia de los pueblos o la diversidad de regímenes políticos.
La globalización es la característica principal del ciclo histórico inaugurado por la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, y la desaparición de la Unión Soviética, en diciembre de 1991.

Su empuje y su potencia son tales, que nos obligan a redefinir conceptos fundamentales sobre los que reposaba el edificio político y democrático levantado a finales del siglo dieciocho: conceptos como Estado-nación, soberanía, independencia, fronteras, democracia, Estado benefactor y ciudadanía.

La globalización no apunta a conquistar los países, sino los mercados. Su preocupación no es el control físico de los cuerpos ni la conquista de territorios, como fue el caso durante las invasiones o los períodos coloniales, sino el control y la posesión de las riquezas.


La consecuencia de la globalización es la destrucción de lo colectivo, la apropiación de las esferas pública y social por el mercado y el interés privado. Actúa como una mecánica de selección permanente, en un contexto de competencia generalizada. Existe competencia entre el capital y el trabajo, pero como los capitales circulan libremente y los seres humanos son mucho menos móviles, el capital siempre gana.

Los fondos privados de los mercados financieros tienen ahora en sus manos el destino de muchas empresas nacionales y la soberanía de numerosas naciones. También, en cierta medida, la suerte o el destino económico del mundo.

Los mercados financieros pueden dictar sus leyes a las empresas y a los Estados. En este nuevo paisaje político-económico, el financista se impone al empresario, lo global a lo nacional y los mercados al Estado.

En una economía globalizada ni el capital, ni el trabajo, ni las materias primas constituyen en sí mismos el factor económico determinante, sino que lo importante resulta la relación óptima entre esos tres factores. Para establecer esa relación las grandes firmas globales no tienen en cuenta ni las fronteras ni las reglamentaciones, sino solamente el tipo de explotación inteligente que pueden realizar de la información, de la organización del trabajo y de la revolución en los métodos de gestión.


Esto comporta con frecuencia la ruptura de la cadena de solidaridades en el interior de un país. Se llega así al divorcio entre el interés de las grandes multinacionales y el de las pequeñas y medianas (incluso grandes) empresas nacionales; entre el interés de los accionistas de las grandes empresas y el de la colectividad nacional, entre la lógica financiera y la lógica democrática.
Las grandes multinacionales no se sienten concernidas, ni mucho menos responsables, por esta situación, ya que subcontratan y venden en el mundo entero y reivindican un carácter supranacional que les permite actuar con enorme libertad ya que no existen, por decirlo así, instituciones internacionales capaces de reglamentar con eficacia su comportamiento.

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