DIPLOMADO: AUDITORIA ADMINISTRATIVA.
MATERIA: CONSULTORIA EMPRESARIAL.
PROFESOR: EDIXON CASTRO
ALUMNA : FARINTHA YUSBEIRY
MODULO II
ECONOMIA: POLITICAS SECTORIALES E IMPACTO DE LA GLOBALIZACION.
La política sectorial, es la que identifica los niveles de desempeño de
un sector en particular. Si existieran los datos adecuados, los
planificadores y consultores podrían analizar las diferencias existentes
entre el nivel de desempeño actual y el esperado. Se pueden realizar
revisiones sectoriales, seminarios, talleres, seguimiento y evaluaciones
rápidas de campo para determinar la extensión de dichas diferencias por
ejemplo, el sector agrario: el caso de la agricultura bajo riego, las
enfermedades que afectan algunos productos, como por ejemplo, el café,
el banano,etc, o la deficiencia en el procesamiento de la cebolla, la
baja producción del arroz, o cualquier otro rubro en peligro, que
afecte la estrategia del Estado, para que los productores puedan cumplir
con sus objetivos económicos y satisfagan el consumo interno.
Lo que busca la política sectorial es definir una deficiencia, por medio de la diferencia entre el desempeño actual y el esperado o entre el actual y el potencial. Es aplicable para cualquier otro sector económico.
Lo que busca la política sectorial es definir una deficiencia, por medio de la diferencia entre el desempeño actual y el esperado o entre el actual y el potencial. Es aplicable para cualquier otro sector económico.
Dos fenómenos centrales –e imbricados- caracterizan hoy a nuestro
planeta: por una parte, todos los Estados participan de la dinámica
globalizadora. Al mismo tiempo, el mundo asiste a la revolución de
la información. Se trata de un proceso importante, comparable al del
pasaje de la economía agraria al de la economía industrial.
¿Y qué es en definitiva la globalización? Se trata de la interdependencia
y de la imbricación cada vez más estrecha de las economías de numerosos
países, sobre todo el sector financiero, ya que la libertad de circulación
de capitales, de flujos financieros, es total y hace que este sector
domine, muy ampliamente, a la esfera económica.
La globalización llega a todos los rincones del planeta, ignorando
o pasando por alto tanto los derechos y reglas de individuos y empresas
como la independencia de los pueblos o la diversidad de regímenes
políticos.
La globalización es la característica principal del ciclo histórico
inaugurado por la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989,
y la desaparición de la Unión Soviética, en diciembre de 1991.
Su empuje y su potencia son tales, que nos obligan a redefinir conceptos
fundamentales sobre los que reposaba el edificio político y democrático
levantado a finales del siglo dieciocho: conceptos como Estado-nación,
soberanía, independencia, fronteras, democracia, Estado benefactor
y ciudadanía.
La globalización no apunta a conquistar los países, sino los mercados.
Su preocupación no es el control físico de los cuerpos ni la conquista
de territorios, como fue el caso durante las invasiones o los períodos
coloniales, sino el control y la posesión de las riquezas.
La consecuencia de la globalización es la destrucción de lo colectivo,
la apropiación de las esferas pública y social por el mercado y el
interés privado. Actúa como una mecánica de selección permanente,
en un contexto de competencia generalizada. Existe competencia entre
el capital y el trabajo, pero como los capitales circulan libremente
y los seres humanos son mucho menos móviles, el capital siempre gana.
Los fondos privados de los mercados financieros tienen ahora en sus
manos el destino de muchas empresas nacionales y la soberanía de numerosas
naciones. También, en cierta medida, la suerte o el destino económico
del mundo.
Los mercados financieros pueden dictar sus leyes a las empresas y
a los Estados. En este nuevo paisaje político-económico, el financista
se impone al empresario, lo global a lo nacional y los mercados al
Estado.
En una economía globalizada ni el capital, ni el trabajo, ni las
materias primas constituyen en sí mismos el factor económico determinante,
sino que lo importante resulta la relación óptima entre esos tres
factores. Para establecer esa relación las grandes firmas globales
no tienen en cuenta ni las fronteras ni las reglamentaciones, sino
solamente el tipo de explotación inteligente que pueden realizar de
la información, de la organización del trabajo y de la revolución
en los métodos de gestión.
Esto comporta con frecuencia la ruptura de la cadena de solidaridades
en el interior de un país. Se llega así al divorcio entre el interés
de las grandes multinacionales y el de las pequeñas y medianas (incluso
grandes) empresas nacionales; entre el interés de los accionistas
de las grandes empresas y el de la colectividad nacional, entre la
lógica financiera y la lógica democrática.
Las grandes multinacionales no se sienten concernidas, ni mucho menos
responsables, por esta situación, ya que subcontratan y venden en
el mundo entero y reivindican un carácter supranacional que les permite
actuar con enorme libertad ya que no existen, por decirlo así, instituciones
internacionales capaces de reglamentar con eficacia su comportamiento.


